Publicación en CORRIERE DELLA SERRA sobre SÍGUEME

 

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Relaciones peligrosas: Bellocchio jr en una historia de erotismo morboso

«El mistery no está de moda en nuestras partes». «Sígueme» de Claudio Sestieri está ambientado en los Sassi di Matera. La protagonista feminina es la top model Maya Murofushi.

de Giuseppina Manin

Solos en una habitación, un hombre y una mujer no se quitan los ojos de encima.  Ella desnuda, él vestido. Él la traza en cada detalle, ella se cierra y se revela según lo que aflora en la tela. Y así por días, meses, años.  «El artista y su modelo, una relación peligrosa», asegura Pier Giorgio Bellocchio, comprometido a experimentarla en sus propias carnes en el set de una película de aspecto misterioso. Por que Sígueme, imperativo categórico del eros y del deseo, es el título de una historia de pasiones y obsesiones dirigida de Claudio Sestieri y ambientada en los antiguos Sassi di Matera. Lugar escogido de Sebastián, un pintor extranjero de oscuro pasado y con una mirada magnética, para vivir y dibujar. «Dos actividades que para él son inseparables. Entre arte y vida Sebastián no pone fronteras». A cimentar la intriga fatal es Haru, una joven japonesa enigmática y muy sensual, que presta rostro y cuerpo la top model Maya Murofushi. “Su Musa, su cómplice, su víctima – continúa Bellocchio -. Pigmaleon dueño, Sebastián retrata a ella y sólo a ella. La perturbante pasividad de Haru lo empuja hacia fronteras cada vez más extremas. Más allá del pudor, el cinismo, el sufrimiento”.

Atmósferas morbosas, inspiradas al mundo eróticamente enfermo de Nobuyoshi Araki, el fotografo japonés que retrata su esposa Yoko el los momentos más íntimos y en aquellos más dolorosos, hasta la fase terminal del cáncer. “Una spietatezza destructiva, un vínculo deflagrante, no tan inusual en el mundo del arte y del cine. Ciertos vínculos entre director y actor, entre escritor y musa, es de manual sadomaso. Véase Arthur Miller y Marilyn, Hitchcock y Tippi Hedren… Quién crea es un brujo, desencadena los elementos y luego ya no las controla más”, continúa Bellocchio.

Llegará otra mujer sin embargo para trastornar este delirio de los sentidos. Marta (Angélique Cavallari), una saltadora olímpica cuya carrera ha sido interrumpida por un accidente. Ese hecho le hace cambiar de vida y de país. Ese hecho le hace encontrar a Matera la chica japonesa que le ha provocado un choque extremo cuando la vió en un cuadro en un museo de Barcelona. “Entre las dos mujeres nace una historia de amor y muerte – interviene el realizador-. Una ósmosis progresiva entre dos culturas, la occidental y oriental, una identificación cruzada tan radical que Haru poco a poco asume los rasgos de su amiga, se corta el cabello como ella, se viste como ella, se hace el mismo tatuaje sobre la piel”.

A tratar de poner un poco de orden en aquel enredo amoroso y identidario será, al final una tercera mujer, la científica Muriel (Antonia Liskova). La hermana de Marta, su parte racional. “Lo que descubrirá será un golpe de escena espeluznante para todos; pero la verdad es ambigua y  el espectador será el que va a elegir la solución”, promete Sestieri. En la historia de hecho la duda es el elemento soberano y el doble es de rigor. “Temas a menudo frecuentados por el mistery – recoge Bellocchio, único personaje masculino entre tantas señoras inquietas -. Aunque un género poco frecuentado por nuestro cine, el mistery permite excursiones en la psique y en la locura sin sobrecargar el análisis y respetando la tensión narrativa. Lástima que en Italia es poco de moda. Como consecuencia están poco de moda nuestros filmes menos convencionales. Recorriendo festivales, he visto tantas bellas mistery, lamentablemente nunca llegaron a las salas. Las mejores películas italianas son invisibles. Porque los distribuidores piensan todavía con lógicas viejas, agarradas a los mitos de la taquilla, mientras que el público ya pide otra cosa. Necesitaríamos una Raggi también en nuestro mundo. No soy un grillito, pero me gustaría que llegase alguien capaz de hacer les ver los roedores verdes* a los señores del cine”.


*de donde proviene la frase en italiano

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